El lobby es lo primero que percibe quien llega, y lo último que recuerda al irse.
Un lobby con puertas que se abren cada minuto disipa el aroma mucho más rápido que un pasillo cerrado. Una habitación necesita una intensidad que en recepción sería excesiva.
Y el huésped nota antes la diferencia entre zonas que la ausencia total: si el lobby huele y el pasillo no, lo que percibe es descuido.

Se elige un aroma para toda la propiedad y se calibra por zona: fuerte donde el aire se renueva, suave donde se queda. El huésped recorre el hotel sin cruzar ningún escalón.
El equipo va en comodato y la recarga es en fecha fija, con nota de servicio firmada. Nadie de tu personal tiene que acordarse de nada.

Puertas que se abren cada minuto: pide la carga más alta.
Aire quieto. Con poca cantidad se sostiene el día entero.
La intensidad más baja de las tres, y la que más se recuerda.
Pasamos, medimos las zonas y te decimos qué equipo hace falta y qué cuesta el servicio. Sin costo y sin compromiso.
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